miércoles, 4 de octubre de 2017

Una primavera marchita


Hilo plateado en el ocaso de la primavera.
Me devuelve deshecho por el camino que llevaba. Conmueve, perpleja, levanta y golpea.
Dolores adictivos para colección. Cruento desvío de la imaginación
¿cual es la distracción, mirar las estrellas o “marcar tarjeta”?

Si tan solo los astros hablaran, o mejor dicho, si yo comprendiera su lenguaje. Tal vez nos hablan a cada instante. Como la conciencia (diría un Grande): “ ella te habla pero vos no la escuchás porque pensás en portarte mal”. Y eso es tan normal y primitivo que no se vende en kioscos, por lo abundante cual pasto en el campo.

Nos queda abrazar nuestros sueños y endulzarlos. Después de todo también son nuestros hijos. También necesitan abrigo y alimento. Solo que nunca abandonan su nido, nunca nos dejan y nosotros, celosos de su salud, muchas veces pretendemos encargarles a su cuidado a otros “padres de sueños”. ¡¡Pero no!! Esto no sirve mi querido coterráneo, congénere, camarada, hermano, amigo… nuestros sueños se van a dormir con nosotros.



Con tinta invisible...


Absorto… absorto… y suspendido en el tiempo
flotar cual denso vapor, volar como un gorrión.
Abundante como el polvo de calamidades.
Todos se revuelcan y todos perecen…
denle cuerda al reloj.

y toda transparencia malograda se verá enriquecida por pasiones perennes y no es común “ no ver” , pero es más común de lo que parece.
Vivo y viven en mi interior retratos vetustos del ayer, verdades coloreadas con nuevas paletas, seres rumiantes mudos, vagos ocupados, universo con fin. Esta última pecaminosa afirmación es producto también de mis beligerantes destellos mentales...¿ como podría yo pecar de tal manera?… le ruego me disculpe Oh! Gran arquitecto.