Hilo
plateado en el ocaso de la primavera.
Me
devuelve deshecho por el camino que llevaba. Conmueve, perpleja,
levanta y golpea.
Dolores
adictivos para colección. Cruento desvío de la imaginación
¿cual
es la distracción, mirar las estrellas o “marcar tarjeta”?
Si
tan solo los astros hablaran, o mejor dicho, si yo comprendiera su
lenguaje. Tal vez nos hablan a cada instante. Como la conciencia
(diría un Grande): “ ella te habla pero vos no la escuchás porque
pensás en portarte mal”. Y eso es tan normal y primitivo que no se
vende en kioscos, por lo abundante cual pasto en el campo.
Nos
queda abrazar nuestros sueños y endulzarlos. Después de todo
también son nuestros hijos. También necesitan abrigo y alimento.
Solo que nunca abandonan su nido, nunca nos dejan y nosotros, celosos
de su salud, muchas veces pretendemos encargarles a su cuidado a
otros “padres de sueños”. ¡¡Pero no!! Esto no sirve mi querido
coterráneo, congénere, camarada, hermano, amigo… nuestros sueños
se van a dormir con nosotros.
