Acelerando.
Dejando atrás
una estela de densa polvareda. Su mente lejana no le dejaba ver
claramente el destino. Realmente poco le importaba. Aún martillea en
su mente pedazos de la discusión conyugal. Ahora es él y el camino
de tierra. Como una puñalada hacia la nada.
La
orilla del río puso fin al trayecto. Sintió
alivio al saberse solo en las inmediaciones. Los
grillos y las ranas daban muestras de presencia entre los juncales
bañados por la luna.
Las
estrellas,
brillantes ojos omniscientes poblaban la cúpula celeste.
El
lugar parecía adecuado para desahogarse un poco.
Reflexionar y tomar las cosas con calma. Inspiró
ondamente, caminó unos pasos hacia la orilla del río. Después
de todo en la vida hay problemas pero también momentos de dicha.
Sería bueno aferrarse a esa feliz idea. Pensó
para sí.
Comenzar otra vez. Al menos luego de sumergir los restos.