miércoles, 10 de junio de 2015

A través de la ventana



Hay algo allí y no sé que es. A través de la ventana logro ver un sinfín de espectáculos. El tinte particular del otoño con sus matices amarillentos, tostados y notas verdes que ya nos van dejando.
El viento mece las hojas. Las ramas en movimiento son sostén de los pájaros. Algunos de ellos encuentran que comer en el colchón de hojarasca. Otros se acicalan y se asustan revoloteando. Dispersándose.
A través de las hojas puede verse el cielo, como una obra vedada apenas sometida a la censura de la naturaleza. Como si ella quisiera ocultar su mensaje. Prohibirle a los ojos de un mortal la profundidad de su significado.
Hay aromas dulces en el ambiente. Un dial que corre de ruido blanco a hermosas melodías. Se oye cantar un muchacho de suave voz, claro aún, a pesar de la distancia. De la lejanía en el tiempo. Sigo imaginando como moja sus pies en la luna. Como se recuesta. Como las estrellas vienen también a dormir.
La pava exhalando su aliento cálido. Como un caldero de antaño. Con ese lenguaje propio del vapor, que sabe entenderse también con el humo.  Con esa insustancialidad informe propia de ambos. Propia también del viento.
Oigo un llamado desde los jardines. Los perros con sus ladridos interrumpen una moraleja quizás muy pronta. Pero determinante como suele ser la angustia. Como lo es el frío del metal por la mañana. Ese frío tan propio de este material cuando no ha sido acariciado aún por los rayos del sol o incluso por las manos. Cuando ha estado en un cajón, quizás por mucho tiempo. A veces olvidado, otras veces muy presente.
A través de la ventana pueden verse las hojas y aún el cielo tan lejano y majestuoso... que ni aún un simple disparo logra turbar.

No hay comentarios: